| 15 ANYS DE SINDICALISME NACIONAL I DE CLASSE. Amics, des de la Coordinadora Obrera Sindical (COS) us adrecem el manifest corresponent al 1r de maig de 2002 i que coincideix amb la creació de la COS el 1987 com a sindicat de l'esquerra independentista. I en motiu del 15 aniversari de la COS, un grup d'amics, simpatitzants i companys de diferents sensibilitats han impulsat el manifest que segueix. Us l'adjuntem més avall juntament amb les adhesions rebudes fins al moment. Bé, esperem les vostres suggerències, crítiques... Salut i endavant! Per adherir-vos, envieu un correu a sma@estil.net ____________________ 1987-2002 Coordinadora Obrera
Sindical (COS). A finals de l´any 1986 naixia la Coordinadora Obrera
Sindical
(COS), arran Amb motiu d´aquest 1r de maig de 2002, i en el
quinzè
aniversari del 1r Que la conjuntura social i econòmica dirigida per
la globalització 2n Que per a fer front a aquesta situació, constatem
la necessitat
d´un 3r El nostre reconeixement a la Coordinadora Obrera
Sindical (COS)
pels Països Catalans, 1r de maig de 2002 Adhesions. Eulàlia Abelló, esteticista, Barcelona (el
Barcelonès) Associacions i entitats: Associació Cutural Soldevila, Campredó (el
Baix Ebre) Feu arribar les vostres adhesions a: coordinadorgeneral-cos@estil.net Coordinadora Obrera Sindical. |
| LO QUE NO
NOS DICEN
DEL ASCENSO DE LE PEN, de Diego Jauregi Batarrita.
BIZKAIKO SOS ARRAZAKERIA Desde SOS Racismo queremos hacer patente nuestra más absoluto preocupación por el ascenso de la ultraderecha en Francia y nuestra inquietud ante la creciente aceptación de estas ideas racistas, xenófobas y fascistas en Europa. El calado de este discurso no es en absoluto
anecdótico.
Se crea a partir del caldo de cultivo de un previo discurso mentiroso y
demagógico aceptado como verdad social y que es mantenido por
los
partidos mayoritarios y repetido hasta la saciedad, hasta parecer
verdad,
por muchos medios de comunicación. Diego Jauregi Batarrita,
-ALTRES TEXTOS. |
| EL DÍA QUE BAJARON LOS CERROS, de Raúl Zibechi. Para los defensores de las libertades y la democracia participativa, la forma como se resolvió la crisis institucional venezolana no puede haber sido más satisfactoria. Raúl Zibechi En adelante, los golpistas del sable o del mercado, incluyendo claro a los de los medios, deberían saber que tienen delante un adversario mucho más difícil de derrotar o neutralizar que las viejas elites políticas (de derecha e izquierda), los sindicatos tradicionales o las instituciones de la democracia. Hay pueblos, o amplios sectores de esos pueblos, en condiciones de pesar en la balanza con tanta fuerza como para forzar a los golpistas a renunciar a sus propósitos. No es la primera vez en la historia de nuestro continente que sucede algo así, pero los casos en que los pueblos frenaron golpes de Estado fueron tan escasos que se pierden en la memoria. Ciertamente, la insurreción popular que bajó de los cerros no fue el único factor que modificó el cuadro inicial de fuerzas. Hay por lo menos que considerar otros tres: la torpeza de los golpistas, la división de las fuerzas armadas y el papel de los medios internacionales y algunos gobiernos de la región. Parece claro que los golpistas mostraron demasiado pronto sus intenciones y su carácter, al emprenderla contra los poderes legislativo y judicial y todas las instituciones legalmente constituidas. Al parecer, esa torpeza inicial, aderezada con una amplia caza de brujas la primera noche del breve gobierno, convencieron a los militares leales a Hugo Chávez, y aun a los reticentes, de que todo se encaminaba hacia la restauración del viejo régimen. Y es que la caída del viejo régimen, el del bipartidismo (Acción Democrática y Copei) signado por un sistema de corrupción escandaloso, comenzó su debacle en febrero de 1989, cuando se registró el Caracazo. Hablar de corrupción parece, a estas alturas, ya casi un lugar común y las palabras empiezan a perder sentido. De ahí que sea mejor poner un par de ejemplos. Uno macro y otro micro: Venezuela habría recibido por la venta de su petróleo, entre 1960 y 1998, el equivalente a 15 planes Marshall, según comentó Chávez al director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet. Mientras Europa fue capaz de ponerse en pie después de la guerra con un solo Plan Marshall, siete de cada diez venezolanos siguen sumidos en la miseria. El segundo ejemplo parece sacado de las mejores novelas del realismo mágico: la amante de Carlos Andrés Pérez, relevado de la presidencia en 1993 por apropiación de fondos públicos, ganó el primer premio de la lotería nacional gracias a los buenos oficios del entonces presidente. Él mismo forjó una de las grandes fortunas del mundo, que ahora disfruta en su "exilio" estadounidense. Contra esas prácticas se levantó la población venezolana en 1989, con un costo de más de mil muertos por la represión policial. El motivo puntual del Caracazo fueron los aumentos de las tarifas de servicios y precios que decretó el flamante presidente Carlos Andrés Pérez, quien había asumido la presidencia apenas 25 días antes del estallido. En realidad, fue un estentóreo ¡basta! de una población que había visto cómo los dos partidos tradicionales dilapidaban los recursos del país. Esos sectores, los que viven en los cerros que rodean la capital, fueron el pequeño gran detalle que no tuvieron en cuenta los golpistas. Ni los propietarios de los medios de comunicación, ni los estrategas de Washington. Pueden discutirse largamente los aciertos y desaciertos del gobierno de Chávez. Puede gustar o no su forma de encarar la cosa pública. Pero ésa es otra discusión. Lo real e incontrastable es que fue elegido por la mayoría abrumadora de los venezolanos, en unas elecciones cuya transparencia no fueron cuestionadas por nadie. El problema está en otra parte. "La crisis que enfrenta la humanidad es en el fondo una crisis de percepción", sostiene Fritjof Capra. Y, aunque parezca demasiado sencillo, pone el dedo en la llaga. Los privilegiados del mundo, empezando por las clases medias y altas venezolanas y siguiendo con buena parte de la población estadounidense y europea, así como las elites de la mayoría de las naciones del mundo, han embotado sus sentidos. Hay, por lo menos, dos cosas que no han comprendido. La primera es que la acumulación de riqueza, y hasta su mantenimiento, tienen límites que deben empezar a reconocer. Segundo, que el más importante de esos límites, más aun que los ambientales, es la creciente conciencia de los pueblos acerca de sus derechos. Que, por otra parte, están dispuestos cada vez más a defenderlos y a pelear por ellos. La derrota de los golpistas venezolanos, la más importante que cosecha Washington desde Playa Girón, Cuba, en 1962, es una buena oportunidad para la reflexión (aunque ahora dicen que es Chávez quien debe reflexionar). En algún momento, alguien allá arriba debería comprender que las cosas no pueden seguir siendo así, eternamente. Que la gente, incluyendo en destacado lugar los habitantes de Estados Unidos y de Israel, está empezando a hartarse de sus propios gobiernos. Y también del sistema que los engendró. Atontados por la saturación de los medios, los gobernantes de esos países no los escuchan. Hasta que les den una sorpresa. Raúl Zibechi. |