FELIZ SITIO NUEVO./ LA RESURRECCION DEL VIGIA DE OCCIDENTE.

   Como algunos lectores han podido comprobar, las últimas semanas del año han sido bastante complicadas para Kriptópolis. Nuestro anterior proveedor de alojamiento llegó a suspendernos nuestra cuenta varias veces, alegando que Kriptópolis había crecido demasiado en los dos últimos meses. Llegado ese punto, se hacía inevitable un nuevo traslado. 
    Empezó así un período de búsqueda de soluciones, en el que nuestros lectores colaboraron muy activamente. Dada la propia naturaleza de Internet, estaban a nuestra disposición cientos (o miles) de alternativas, de las que sólo se exploraron algunas decenas. (Para los amantes de las curiosidades, llegué a establecer contacto con proveedores de alojamiento de países tan dispares como Australia o Pakistán, que también los tiene). Al final, y espero que para bien, la opción elegida resultó ser la de una empresa canadiense, que también resultó vencedora en las sugerencias de nuestros lectores. 
   Espero que este nuevo servicio responda adecuadamente a todas nuestras necesidades y expectativas durante el tiempo de existencia que nos reste, que -me temo- no será mucho. 
   De hecho, las dificultades y trabajos inherentes al mencionado traslado tuvieron un efecto colateral: evitaron que les escribiera un artículo de despedida del 2001, año que personalmente considero de capital importancia, porque marcará el punto de inflexión entre la Internet libre que hemos conocido hasta ahora y la Internet sometida que se avecina. Permítanme pues que aproveche esta ocasión para resarcirme un poco. 
   Muchos de ustedes vienen acusando un marcado pesimismo en mis últimos (y cada vez más espaciados) escritos. Tan sólo puedo confirmarles desde esta modesta tribuna que están en lo cierto. La impresentable -y a todas luces abusiva- "regulación" de la Red que prepara (en secreto, ahora está muy claro) nuestro actual gobierno y asociados, amenaza con dejar bien claro cuál será la única opción: o con el sistema, o a las catacumbas. Por tanto, me temo que quienes me acusaron en mayo pasado de "tremendista" al resumir el proyecto de LSSI como una "sentencia de muerte para Kriptópolis" (e incluyo en el mismo saco al resto de la escasa Internet libre que aún resiste), quizás tengan muy pronto la ocasión de comprobar que no exageraba en absoluto. Por supuesto, a nadie se le escapa que la batalla la dábamos por perdida de antemano; bastaba comprobar la desproporción de fuerzas. 
   Lo que nunca pensamos en Kriptópolis es que la sociedad digital española tuviera un pulso tan débil y un carácter tan pusilánime como está demostrando tener. De tan dolorosa constatación nacen mi pesimismo y mi decepción. 
   Puedo comprender que el internauta común no acierte bien a prever cómo le va a afectar la LSSI, y acepto nuestra responsabilidad por no haber acertado a explicárselo, pero eso no evita que el daño que venimos anunciando vaya a producirse. Me temo que muchos internautas serán dolorosamente conscientes de la situación cuando ya sea demasiado tarde, y comprueben con estupor como los sitios que más frecuentaban simplemente cierran y desaparecen. Al tiempo (o muy poco después) empezarán a contemplar como los contenidos (*TODOS* los contenidos) habrá que pagarlos, porque ya no quedará nadie que los regale. Entonces, comenzarán a ser frecuentes entre los internautas más veteranos lamentaciones en torno a "aquel-sitio-web-tan-bueno-que-había- sobre-*****-que-desapareció". 
   Lo que no acierto de ningún modo a entender es la pasividad e inhibición de tantos webmasters, editores digitales y empresas de servicios de Internet, cuando serán ellos -precisamente- las primeras víctimas directas de la LSSI. 
   Pero del mismo modo que tengo identificadas a las víctimas, tengo también muy claro quiénes dirigen la mano del verdugo. Son aquellos que, abiertamente o en secreto, aspiran a obtener pingües beneficios de la venta de contenidos. O, para ser más precisos: de la venta de contenidos y de la PUBLICIDAD que les acompañará. De hecho, la actual crisis de la publicidad en Internet podría transformarse en un negocio de proporciones gigantescas si tan sólo un puñado de sitios acaparara todos los posibles impactos. De ese modo, los precios de las impresiones vendrían impuestos por una posición de fuerza basada en un argumento contundente: la exclusividad.
   En definitiva: ¿pagaría usted por una información que puede obtener gratis en otro sitio? Nadie es tan estúpido. Por eso, la rentabilidad de las grandes inversiones puestas en marcha en la Red pasa por eliminar la competencia, y con mucha más razón si ésta regala lo que los grandes medios pretenden poder cobrar. Quizás sea esta la razón última para que un proyecto de ley que va a controlar la información, incorpore en su denominación las palabras "comercio electrónico". 
   Parece evidente que sus promotores no aciertan a pensar cómo información y comercio pudieran considerarse cosas distintas. 
   Por otra parte, la información libre molesta al poderoso. Siempre ha sido y siempre será. Con todos los medios comiendo en su mano, al poder ya sólo le resta controlar la Red. ¿Por qué? porque en la Red, cualquier 'aficionado', con sólo disponer de un ordenador conectado, puede hacer llegar a miles de personas un artículo como el que incluyo a continuación en este mismo boletín. El artículo fue encargado por el diario "La Vanguardia" a nuestro colaborador Carlos Sánchez Almeida. No obstante, una vez presentado el diario decidió no publicarlo, alegando que "no le agrada su tono". Pues bien; a Kriptópolis le corresponde hoy el honor de hacer que ese artículo vea la luz, y a nuestros lectores el de ser los primeros en leerlo. 
   Poco he hablado hoy de seguridad en Internet, lo sé. Pero alguien tan poco sospechoso de heterodoxia como un presidente norteamericano ya dijo hace tiempo: "Quienes venden su libertad a cambio de seguridad, no merecen ni una cosa ni la otra". 

José Manuel Gómez 
Editor 
KRIPTOPOLIS 



LA RESURRECCION DEL VIGIA DE OCCIDENTE.

   El sistema de libertades instaurado en las democracias parlamentarias con la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, se encuentra en su más grave crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Los hechos del 11 de septiembre y sus consecuencias posteriores, están conduciendo al conglomerado económico y político que venimos denominando Occidente, a una ofensiva que no sólo se dirige contra organizaciones y Estados sospechosos de terrorismo, sino contra la esencia misma del sistema democrático. 
   Prácticas de sistemas totalitarios, derrotados en 1945, resucitan en  los últimos meses. Mientras en Estados Unidos se practican detenciones sin supervisión judicial y juristas liberales defienden la necesidad de la tortura, en España se investiga a los activistas antiglobalización a través de Internet, al tiempo que insignes catedráticos sostienen sin el menor sonrojo que espiar a los trabajadores es un derecho intrínseco del patrono. 
   Si entre los planes de los fanáticos que destruyeron las Torres Gemelas se encontraba socavar los cimientos de la civilización occidental, debemos concluir que en cierta manera, y desgraciadamente, los terroristas consiguieron su objetivo.  Porque desde 1948, hablar de civilización occidental ha sido hablar de Derechos Humanos. En los años oscuros de la Guerra Fría, la propia palabra Occidente se utilizaba como sinónimo de libertad. Los regímenes democráticos se vanagloriaban de sus Constituciones, garantías de los derechos individuales, mientras el Gran Hermano de la novela 1984 era encarnado por los regímenes totalitarios de inspiración marxista. 
   La caída del muro de Berlín acabó con la farsa. Dando la razón a aquellos que sostienen que el sistema capitalista no necesita la democracia, a lo largo de los años 90 hemos asistido a la crisis del Estado de bienestar y del sistema de libertades alumbrado tras la Segunda Guerra Mundial. Los hechos del 11 de septiembre han sido la excusa perfecta para desarrollar hasta el límite sistemas de control social, en manos de países teóricamente democráticos, que hubiesen sonrojado a los dictadores de entreguerras. 
   El Parlamento Europeo ha reconocido la existencia de la red de espionaje Echelon, un sistema de intervención de comunicaciones al servicio de los intereses económicos y políticos de los países del ámbito anglosajón. Las medidas legislativas impulsadas por la administración Bush no hacen sino enmascarar una práctica que ya era habitual antes del 11 de septiembre, y frente a la que el propio Parlamento Europeo recomendaba la utilización sistemática de sistemas de cifrado y programas de código abierto.
   Internet fue desde los primeros días blanco de las críticas de los enemigos de las libertades. La libertad de expresión y el relativo anonimato que permitía la Red de redes ha preocupado siempre a los titulares del poder: del poder político, del poder económico y del poder mediático.  Un poder mediático, por cierto, que ha visto siempre en la información gratuita que ofrece Internet un obstáculo al control social que se ejerce desde los medios de comunicación lucrativos. Qué mejor ocasión que la caza y captura del proscrito Bin Laden para lanzar la gran ofensiva contra los ciberderechos.
   En la guerra contra las libertades, el primer objetivo es Internet, porque garantiza a todos los ciudadanos, a un coste reducido, el libre ejercicio de los derechos a la libertad de expresión, a la intimidad, y a la asociación y reunión pacíficas. El siguiente objetivo somos todos nosotros: los ciudadanos a los que inmensas bases de datos pueden convertir en simples consumidores sin derechos.
   En un mundo digitalizado y globalizado, el derecho a la intimidad debe ponerse al mismo nivel que la libertad y la vida, y ello porque la intimidad es el último reducto del ser humano frente al sistema. 
   Cuando por vía legislativa o económica, se condiciona el derecho a la libertad de prensa  y el derecho de reunión y asociación, sólo queda Internet para conspirar frente al poder. Pero en una Internet sin intimidad no hay conspiración posible. Si queremos evitar el futuroMundo Feliz que están construyendo los medios de comunicación al servicio de las grandes corporaciones multinacionales, la última posibilidad de resistencia reside en la defensa a ultranza del derecho a la intimidad y a la inviolabilidad de las comunicaciones. 
   En la batalla final que se avecina contra los Derechos Humanos, serán nuestras últimas barricadas. 

Carlos Sánchez Almeida, abogado. 

http://www.bufetalmeida.com

KRIPTÓPOLIS 
http://www.kriptopolis.com
Criptografía, ciberderechos y seguridad en Internet.

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DIEZ CLAVES PARA MEJOR ENTENDER LA SITUACIÓN INTERNACIONAL.

Sabino Cuadra Lasarte * Miembro de Komite Internazionalistak.

   No es que mientan siempre. Es sólo que, a menudo, no dicen la verdad, o sólo muestran parte de la misma, o repiten el mismo mensaje. Así, de las revueltas de Argentina nos quedará la imagen del asalto a los supermercados, no de que la policía ha matado a más de treinta personas. Las agencias internacionales de noticias dependen de grandes multinacionales. Son difíciles de controlar. Por ello, enterarse de lo que pasa en el mundo es difícil. A facilitar esta labor van encaminados los diez consejos que a continuación se dan.

   1. Busca a las chicas en las fotos. Fíjate en las reuniones de la Unión Europea, en la Asamblea General de la ONU, en las Cumbres del FMI y del BM; en los cenáculos del Grupo de los 8; en los obispos católicos, ulemas musulmanes o monjes budistas... Mira ahora, por el contrario, en las colas de refugiados, en las protestas ar- gentinas, en las colas del paro. ¿Notas la diferencia? La mayor parte de las noticias del mundo no hablan de ellas, no recogen sus rostros. Cuando te cuenten cualquier cosa en la no haya presencia femenina, desconfía. A lo más, te están contando sólo la mitad de lo que ocurre.

   2. Olvídate del desarrollo. Mientras más se avanza en tecnología ­biotecnología, informática...­, más se retrocede en humanidad. Enfermedades dadas por desaparecidas (tuberculosis, cólera...) rebrotan hoy con fuerza y otras nuevas (sida) amenazan continentes enteros. El problema de los pueblos empobrecidos ­no pobres­ no es el ser subdesarrollados, sino el de estar sobre-explotados y sobre-marginados. El problema del mundo no es el de desarrollarse más, sino el de conseguir repartir la riqueza, los conocimientos y el poder existente. La palabra clave es justicia, no desarrollo.

   3. Desconfía del poderoso. Lo decía Bertold Brecht: «cuando los de arriba hablan de paz, el pueblo sabe que habrá guerra». El poderoso nunca dice lo que piensa, sino tan solo aquello que le interesa. El PSOE clamó contra la OTAN y luego, tras llegar al poder, su ex ministro Solana ocupó su Secretaría General. Bush, autoproclamado paladín de la paz y los derechos humanos, es quien más personas ha enviado a la silla eléctrica, y su país, EEUU, es el que más guerras (Irak, Centroamérica, Balcanes, Afganistán...) y dictaduras (Chile, Argentina, Indonesia, Irán, Filipinas...) ha impulsado y apoyado en las últimas décadas.

  4. Pregunta siempre por Africa. No te importe de qué hablen. Interrógales siempre con este tema. Un economista del FMI denominó a Africa como el «continente prescindible»; es decir, si de- sapareciera del mapa, la economía mundial apenas lo notaría. La muerte de cientos de millones de personas no es un problema económico importante. Africa es hoy pasto de las guerras, del sida y de la deuda externa. Para los fabricantes de armas, las multinacionales farmaceúticas y los grandes bancos e instituciones financieras, tan solo es un cliente. Cuando te digan, pues, que el mundo va bien, pregúntales por Africa.

   5. Preocúpate más de los ricos. La pobreza de los pueblos no es un hecho físico similar a su clima o geografía. La pobreza es un hecho social. Hay pueblos pobres porque hay otros que son ricos. Las 255 personas más ricas del mundo poseen tanto como los 2.500 millones de personas más pobres del planeta. En una de las fastuosas fiestas que organiza cualquiera de aquellas, se gasta tanto como el importe de una campaña de vacunación para un país entero. Sigue pues la pista de los ricos y sus negocios. Comprenderás así mejor las causas de la pobreza y sus posibles soluciones.

   6. Aprende a oler el petróleo. El petróleo es el rey de las materias primas. La mundialización de la producción se basa en el transporte barato. Nuestra civilización gira en torno al automóvil. Las multinacionales más grandes del mundo son las petroleras. El control político de Oriente Medio, primer productor de petróleo, es vital para Occidente. Por eso se ha hecho de Israel el gran gendarme de la zona. Por eso las guerras en esa zona. Por eso la guerra de Irak. La de Afganistán también tiene que ver con el petróleo del Mar Caspio. Ante cualquier conflicto o guerra, mira su relación con el petróleo.

   7. Al sable del coronel... cierra la muralla. Los ejércitos se crean para guerrear, las armas para matar. Es su vocación natural. De la I Guerra Mundial se dijo que sería la guerra que acabaría con todas las guerras. El siglo XX ha sido, sin embargo, el más criminal de toda la Historia. La abolición de los ejércitos y de los presupuestos militares y la conversión de las espadas en arados suprimirían de inmediato el hambre y la pobreza del mundo. La gente, que no es tonta, sabe todo esto. A pesar del paro y los contratos basura, las convocatorias de plazas de profesionales para el Ejército se quedan sin cubrir.

   8. Busca el imperio en tu propia casa. No mires tanto hacia fuera. Las grandes empresas de «aquí» son multinacionales fuera: BBVA, BCHS, Repsol, Endesa, Telefónica... Pregunta por ellas hoy en Argentina, en Ecuador, en Chile... Te dirán que ya les bastó y sobró con una conquista. La miseria del Sur la están produciendo también esas empresas. Nuestros gobernantes autonómicos y estatales defienden a estas multinacionales y a otras más poderosas en todos los foros internacionales. No hace falta pues que vayas a protestar fuera. Lo puedes hacer aquí. La antiglobalización nace en casa.

   9. Palestina está en la raíz. No tienen Estado. Les roban las pocas y malas tierras que les quedan. Su economía está subordinada a la de Israel. Uno de los ejércitos más poderosos y sofisticados del mundo les rodea, les controla, les golpea. La razón está de su lado. No hay ningún pueblo que cuente con tantas resoluciones de la ONU violadas. Todo el mundo árabe y musulmán vive y siente con Palestina. Hablar hoy de paz en Oriente Medio y en el mundo exige abordar y solucionar el problema palestino. Pero hacen falta soluciones de fondo. Los Acuerdos de Oslo fueron un mal parche.

   10. La inmigración es un derecho. A nadie pidió permiso Europa para colonizar América, Africa, Australia, Asia. A nadie para llevarse sus riquezas, para esclavizar esos continentes. En las últimas décadas, el neoliberalismo impuesto por Occidente ha terminado por arrasar aquellas economías en beneficio, de nuevo, de las antiguas metrópolis. A pesar de ello, la emigración no reclama lo que es suyo. Viene tan solo a recoger nuestras sobras y tampoco eso se les permite. La hipocresía de Occidente no tiene límites. Pero los derechos humanos no pueden otorgarse por raciones, mediante cupos. *

Sabino Cuadra Lasarte * 
Miembro de Komite Internazionalistak
Gara, 18-01-02.

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