ESTAMOS
DESAPARECIENDO DE LA TIERRA, de Washington Aráujo.
¿Cuántos muertos ha provocado la
ocupación
española, inglesa o francesa en América? ¿Tienen
historia
los indios? ¿Son humanos? ¿Por qué los extermina
el
hombre blanco civilizado? He aquí un libro que da voz a los
indios
y explica la explotación y humillación que han sufrido a
lo largo de estos 500 años de ocupación. Y he aquí
un pequeño texto de este interesante libro. Dionís
TC.
< La historia sigue implacablemente su curso y,
con corazones
amargados, observamos que, más de tres siglos después que
Colón desembarcara en San Salvador, más de dos siglos
desde
que los colonos ingleses hubieran llegado a Virginia o Nueva
Inglaterra,
los amistosos taínos que recibieron a Colón en su playa
habían
sido completamente exterminados, y, como afirma el investigador
norteamericano
Alexander Dee Brown:
“Mucho antes de que el último
taíno muriera,
su cultura simple de labranza y artesanía había sido
destruida
y sustituida por plantaciones de algodón donde trabajaban
esclavos.
Los colonos blancos abatieron las selvas tropicales para aumentar sus
campos;
los algodoneros cansaron el suelo; los vientos, libres de la
protección
de los árboles, cubrieron los campos de arena. Cuando
Colón
vio la isla por primera vez, la describió como “muy grande, muy
alta y con árboles muy verdes… el conjunto es tan verde que es
un
placer contemplarlo…” Los europeos siguieron destruyendo su
vegetación
y sus habitantes –hombres, animales, aves y peces- y, después de
transformarla en un desierto, la abandonaron.”(1)
Según las estadísticas citadas
por el
periodista Eduardo Galeano en su libro Venas Abiertas de
América
Latina, la población de los aztecas, incas y mayas sumaba en
la época del descubrimiento de América entre setenta y
noventa
millones de personas, siendo así que un siglo y medio
después
este total se reduciría drásticamente a sólo tres
millones y medio.(2)
Los historiadores J.S. Stanley y B.Stein retratan
con
colores realistas las causas del declive de la población
amerindia:
“La suma de enfermedades epidémicas
(viruela,
sarampión, fiebre tifoidea), la sobreexplotación del
trabajo
y la debilitación física resultante, el choque cultural
inducido
por la remodelación de una sociedad comunal a términos
individualistas
y orientados al lucro, acabó por producir en el siglo XVI y a
comienzos
del siglo XVII uno de los declives demográficos más
desastrosos
jamás registrados por la historia mundial”(3)
Los hechos apuntados por los autores de La
Herencia
Colonial en América Latina son por sí solos
alarmantes:
- Entre 1492 y 1550 la población indígena
caribeña
fue prácticamente diezmada.
- En México Central una población de
aproximadamente
veinticinco millones, en 1519, se redujo a poco más de un
millón
en 1605.
- En los Andes Centrales, para los que existen pocos estudios
demográficos,
parecen haberse repetido las mismas pautas generales de
destrucción
geográfica como consecuencia de la ocupación
española.
Un contingente de población calculado de tres y medio a seis
millones
(en 1525) fue reducido a poco más de un millón y medio a
la vuelta de 1561, volviendo al índice de seis millones
sólo
en 1754.
Las raíces del problema indígena
están
relacionadas principalmente con su concepto de la propiedad. Para el
indio
la tierra pertenece a aquella tribu que la ocupa, no constituye un bien
individual sino colectivo, mientras que para sus conquistadores se daba
exactamente lo contrario: la tierra es una propiedad privada,
particular
y ¡no un bien público!
¿Dónde se encuentra ese saber, esas
culturas
e ingenios, si tuvo lugar una extinción tan completa de esos
pueblo?
Surge entonces la cuestión crucial sobre
los
procesos civilizadores: ¿quién civiliza a quién, o
cuál es el derecho de un pueblo descubridor para civilizar a
otro
pueblo?
En la historia de la humanidad, desde sus
comienzos,
el uso de la fuerza fue siempre una forma de subvertir los procesos
civilizadores,
de amoldar los pueblos a la visión
particular defendida por el más fuerte.
¿Cómo sería América
si
la ley del más fuerte no hubiese prevalecido y se hubiera
concedido
a sus pueblos nativos la conservación de sus tradiciones?
¿Si
se les hubiera dado la oportunidad de continuar desenvolviendo sus
tradiciones
culturales, su arquitectura, su artesanía, su medicina natural,
sus ricos idiomas y dialectos? ¿Y también su sentimiento,
tan profundo, de conservación de la naturaleza?
La verdad es que todo habría sido
diferente.
¿Qué criterios utilizar para una profunda
reflexión
de esta cuestión mayor y que tanto nos atañe, ya que
fuimos
moldeados de un origen común, remontando a millares de
años?
Por las llanuras norteamericanas donde
pastaban
cincuenta millones de bisontes, hoy recorren las autovías
más
de setenta millones de automóviles. Los ríos han sido
contenidos
por presas, las montañas aplanadas y los bosques derribados y el
aire contaminado por los excesos de la civilización. Ha llegado
el momento de abrirnos de los otros testimonios de la historia,
aquellos
que poco o nada tienen que conmemorar en esta fecha: los indios. Y
así
comenzaremos a pagar parte de nuestra deuda socio cultural,
comenzaremos
por escuchar el lamento del indio apache Eskiminzin:
“Esa gente de ‘Tucson’ escribió a los
diarios
y contó su historia. Los apaches no tienen nadie que cuente su
historia.”(4)
Seamos nosotros aquellos que oyeron al menos
la historia
de Eugenio, Marçal, Tupa’y, Txibaboi y también la del
bravo
Eskiminzin, de Jerónimo, de Toro Sentado, de Seattle, de
Búfalo
Andador, de Nube Roja y de tantas otras personalidades indígenas
de América.>
1. Enterrem meu coraçâo na
curva do
río, A. Dee Brown, Círculo do Libro, pág. 24.
2. As Veias Abertas da América
Latina,
Eduardo Galeano, Paz e Terra, págs. 50/51.
3. A Herança Colonial na
América
Latina, J.S. Stanley y B.Stein, Paz e Terra, págs.32, 33,
36,
37 y 38.
4. Enterrem meu coraçao na curva do
río,
A. Dee Brown, Círculo do Libro, pág. 151.
“Estamos desapareciendo de la tierra”, Washington
Araújo,
Ed. Bahá’í de España, 1992, págs.36-39.
-ÍNDEX.
-ALTRES
TEXTOS.
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