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Doncs apa. Ja hi som. Entrem de ple al
segle XXI.
El segle que ens fa retrocedir fins al XIX. Un segle ampli i assolellat
(ja que no plou ni per casualitat), on els drets socials aconseguits
durant
dècades de lluita pels treballadors són abolits pels
polítics
i tecnòcrates de torn. Dionís TC -ALTRES TEXTOS. |
| Y EN EL FONDO ESPERAN LOS OCULTOS Érase una fábula que superaba en absurdo a todos los demás cuentos porque era la realidad. Atentos, hermanos, porque esto explica el porque quieren encontrarnos un final. Érase una vez un señor que no tenía mucho dinero pero era rico en ganado, que le daba diez mil veces toda la carne que podía necesitar. Pero el señor hizo como todos sus vecinos, degolló a todo su ganado y los cadáveres en la intemperie se pudrieron, mientras la carne al supermercado fue a comprar. Como no tenía dinero para comprar la comida de todo el año, tuvo que pedir un crédito y con los bancos se empeñó. El se tenía por un hombre muy liberal, pero el banco estaba gobernado por un dictador, y como si debes a alguien te conviertes en su esclavo, el señor tan liberal se vio obligado a no protestar lo que veía mal. Porque como el banco era el que tenía el dinero... Le parecía mal que en el país de los dueños del banco se fusilase al que no pensaba como el jefe, pero como si él decía que le parecía mal le pasaban a cobrar la deuda y el no la podía pagar, se calló. Le parecía mal que en esos países a las mujeres se las ejecutara por ir sin velo, ó les cortaran la cabeza por acostarse con quien les gustaba, y no casarse con el individuo al que había sido vendida. Pero mientras sucediera en otro país... Y en eso que en su granja aparecieron cientos de animales, y en las de sus vecinos. Había tantos que cuidándolos un poquito les darían para comer de maravilla siete meses al año, y tendría que comprar en el supermercado el resto del tiempo, con el dinero que le daría la venta de la carne que en el verano le sobraba. Pero, en vez de eso, él y sus vecinos degollaron a sus animales, dejaron pudrir la carne, y fueron a pedir otro crédito al banco. Y otro crédito al año siguiente, y otro. Cada vez se endeudaban más, y vivían peor. Y llegó un momento en el que el banco les confiscó las propiedades, pero les dejó vivir en su casa a cambio de que renunciaran a ciertos lujos. Bueno, eso era tolerable. Y los cadáveres de las pobres reses degolladas eran ya esqueletos que estaban en el campo convertidos en esqueletos, en esqueletos sin enterrar... Pasó la policía a preguntarle por su vida privada, él jamás hubiera admitido que le preguntasen esas cosas, pero era la policía del banco, y como con ese banco tenía contraida la deuda... Contestó a todas las preguntas como un humilde cordero. Se llevaron a la vecina. Delito: vivía con su novio de siempre y no quería saber nada del nuevo directivo que le había designado el banco... Y a la de abajo, no quiso acostarse con los directivos para conseguir un trabajo. Bueno, mientras no se llevasen a su hija... Pero se la llevaron, él protestó y lo mataron. Nadie preguntó por él. Todos tenían deudas. ¿Os suena? Absurdo, ¿verdad? Pues sustituid los animales por la energía solar y los bancos por las grandes compañías del petróleo, y tendréis como estaba la situación mundial a finales del siglo XX y principios del XXI. Con una tecnología en energías alternativas (solar, eólica y mareomotriz) más que suficiente para abastecer la mitad de las necesidades energéticas de cualquier país, y sistemas para reducir el consumo de esa electricidad a una tercera parte, con lo cual hubiera sobrado energía. Unos países productores de petróleo gobernados por feroces dictaduras a las que nadie les tosía, no nos fuera a embargar el petróleo. Y unas grandes compañías americanas y europeas que apoyaban como fuera a esas dictaduras para mantener su feroz parte del león de los beneficios... No olvides que si tienes una placa solar en tu tejado ó un molino eólico, tienes tu propia energía y no pagarás el recibo de la luz. Quien controla la energía controla el poder, y ¿qué es eso de pasar el poder al pueblo? La educación era vista como un privilegio, no como un derecho. La energía se repartía a cada vez menos gentes con facturas cada vez más altas, el poder... Propaganda de automóviles que te hacían asumir el tener un coche como algo normal y que si no tienes un coche no eres nadie. Políticos todos con acciones en las compañías del petróleo, a los que les interesaba que la gente consumiese cada vez más para ellos ganar más millones aún. Países que preferían endeudarse hasta las cejas consumiendo petróleo. Países que adquirían deudas infinitas con los bancos para obtener préstamos que les permitieran pagar el petróleo que necesitaban para mover sus máquinas cuando la energía la tenían regalada bañando el tejado de su casa. Eso sin contar lo de tratar a sus súbditos como esclavos para pagar los intereses de la deuda con los grandes Bancos Mundiales. Políticos que decían que en las ciudades no existía sitio para colocar las placas solares, y mucho menos las baterías para almacenar la energía de las mismas, pero sí había sitio para meter el cada vez mayor número de coches que poblaban las infinitas calles. Unas ciudades en donde el peatón era un elemento molesto pero los coches los reyes. Y cuanto más se acababa el petróleo más se fabricaban máquinas consumidoras de ese petróleo. No había sitio para colocar molinos eólicos, pero había sitio para poner estadios de fútbol. No había edificios para celebrar discusiones sobre los problemas de la educación, pero lo había para que gente cada vez más ignorante - los directivos y los futbolistas - dieran sus charlas. ¿Y cuando inventamos las plantas de energía mareomotriz, en el 2007? Dijeron que no producían energía, y, cuando demostramos lo contrario alguien puso una bomba. Aunque siguió funcionando -a dos tercios del rendimiento- dijeron que sí, que aunque producía energía, era objetivo terrorista, y para no provocar a los terroristas, vamos a quitarla. Algo así como prohibir salir a todas las mujeres de casa porque como son objetivo de los violadores... ¡Pues encierren en casa a los violadores, que son los que cometen el delito! Los políticos son también objetivo terrorista, y no por eso los prohiben. Pero a nosotros nos prohibieron instalar plantas mareomotrices en la superficie terrestre. En la superficie. Pero nadie dijo nada del fondo submarino. Si no puedo ir de frente, busquemos un rodeo. Me empleé en una compañía petrolífera para construir oleoductos en el fondo del mar. Los convencí diciendo que un par de edificios sumergidos con una tripulación permanente servirían para arreglar los oleoductos si algo se rompía... Pronto tuvimos nuestra primera ciudad submarina, cincuenta edificios colocados debajo de una inmensa cúpula transparente, envuelta por otra cúpula ídem. Debajo de ellas había oxígeno, selva, plantas marinas y no tan marinas cultivadas... Y todos los cargos se elegían, y los profesores eran contratados por los alumnos, y si se suspendía algo la culpa era del profesor y era a él al que echaban, no al alumno. No había jerarquía, todo el mundo rotaba en sus puestos de trabajo, y tampoco paro, era obligación de la comunidad dar a todos un puesto de acuerdo con las habilidades de cada cual. tampoco dinero, todo el mundo tenía derecho a la subsistencia. ¿Qué quieres que te dé una vuelta en submarino? Pues a cambio cultivas durante seis días la granja. Ver aquella cúpula cuando bajábamos a las profundidades, enorme iluminada, con rayos de luz yendo en todas direcciones y ballenas entrando en un túnel, ballenas dirigidas por un submarino hacia un centro de ordeño a cambio de recibir una ración extra de plancton... Peces criados en granjas submarinas, unos para consumo humano y otros para repoblar los mares. Salidas continuas par limpiar el fondo de los cientos de barriles de contaminación que habían echado al fondo todos los años... La crítica era norma, la imaginación una obligación. Éramos un modelo de humanidad y eso no gustó a nadie. Y cuando dos buques nucleares se partieron en el mar dijeron que habíamos sido nosotros, que no teníamos bombas. Y ahora que casi no había petróleo, y los países se tiraban las bombas los unos a la cabeza de los otros para controlar las pocas gotas que quedaban, y las centrales nucleares destrozaban los países, también se nos dijo que habíamos envenenado unos pozos de petróleo que nunca existieron. Construíamos una ciudad en secreto, en el fondo de una sima, porque temíamos lo que le pasaría a la nuestra. Los suministros dejaron de llegar. Y una representación de seis de los nuestros fue cortada en rodajas cuando subieron a la superficie. Ver sus cuerpos destrozados flotar en el agua, sangrantes, al lado del bote de goma con el que habían salido del submarino, mientras todas las televisiones mundiales los retransmitían en directo como " La ejecución de unos peligrosos terroristas que amenazan la escala de valores, y viven como animales pues no reconocen jefes ni subordinados, no tienen dinero y son comunistas". Cualquiera les explica que no somos comunistas, pues en el stalinismo todo era del estado y aquí los medios de producción son de todos. Tampoco nos hubieran entendido. Y qué más dará ser comunista! Más decente que ser capitalista del FMI... Así que ahora los preparados para luchar esperamos a esos submarinos de muerte que vienen... Todos los nuestros se han ido a las ciudades secretas... Y de lejos vimos como las bombas atómicas fundían nuestra ciudad. Los militares no supusieron que la radiación envenenaría el mar (tiras una bomba atómica y no sabes que la radiación va a envenenarlo todo) y la gente no podría pescar. Dijeron que los culpables éramos nosotros por provocarlos para que lanzaran sus bombas. Ya no vienen más bombas. Ya no bajan más submarinos a por nosotros. Están muy ocupados matándose por el poco petróleo que queda en la Antártida. No importa que el extraerlo contamine los continentes, no importa que la temperatura suba seis grados y que todo lo que hace diez años eran costas, ahora esté bajo el agua. Ellos extraen el petróleo, pero la culpa nos la echan a nosotros. Y seguiremos esperando, hasta que quizá sólo nosotros quedemos sobre el planeta Tierra. Hipatia Rosalía Blanco -ALTRES TEXTOS. |