ORIGEN DE LA INTIFADA
PALESTINA.
LOS HONDEROS DE LA LIBERTAD.
Punto Final (http://puntofinal.cl)
"La revancha de Dios", es el título de un libro escrito hace
algunos años por Gilles Kepel. Profetizaba el retorno
inevitable de los conflictos étnico-religiosos, toda vez que
las grandes utopías movilizadoras del siglo XX habrían
fracasado y el nuevo Dios, el Dios-dinero, introducido por el capitalismo
a escala mundial, no pareciera ser muy
atractivo en algunas regiones del mundo, sobre todo en aquellas donde
la espiritualidad tiene una fuerte impronta
en la población.
Todo conflicto o guerra no puede ser reducido a un mero conflicto político,
menos aún el existente entre árabes e
israelíes, que conlleva un fuerte componente étnico-religioso
como resultado de la presencia de elementos
histórico-culturales que se entroncan con el pasado remoto.
Si se remonta a través de los siglos, se puede constatar que
el Cercano Oriente fue una región habitada por
diferentes pueblos desde la noche de los tiempos. Los hebreos y otros
pueblos semitas llegaron allí procedentes
del Oriente alrededor del siglo XVIII a.C. Esta travesía, conducida
por Abraham, un personaje legendario, forma
parte de una serie de narraciones y leyendas que fueron recopiladas
y escritas mucho más tarde y constituyen los
cinco primeros libros de la Tora, el Pentateuco, que forman parte del
Antiguo Testamento cristiano. Disputando a
otros pueblos el control de la región, particularmente a cananeos
y filisteos, (estos últimos, llamados "pueblos del
mar", quienes ya se hallaban establecidos en la franja costera que
va desde Gaza a Siria), los hebreos fundaron un
reino con Saúl a la cabeza (siglo XI a.C.) pero fueron vencidos
por los filisteos. Los israelitas tomarían luego su
revancha con David, pero serían sometidos luego por diversos
pueblos, entre otros, los egipcios, asirios,
babilonios, persas, griegos, romanos (quienes destruyeron Jerusalén
en el año 70 provocando la diáspora de los
judíos por todo el Mediterráneo) y bizantinos.
DEL IMPERIO OTOMANO AL IMPERIO BRITANICO
Desde el siglo VII, con la expansión del Islam, el Cercano Oriente
cayó bajo la dominación de las dinastías árabes
omeyas y abasíes, y posteriormente dominaron los sultanes mamelucos.
Desde comienzos del siglo XVI los turcos
otomanos se enseñorearon de la región. Esta situación
se mantendrá hasta el fin de la primera guerra mundial,
luego que el acuerdo franco-británico Sykes-Picot atribuyó
a estos países los territorios que antes pertenecían a
Turquía. De esta manera, Inglaterra fue designada con mandato
sobre Palestina, Jordania e Iraq. Francia recibía
por su parte, el Líbano y Siria.
Hasta la primera guerra mundial, la región formaba parte del
imperio otomano, que entró en guerra al lado de
Alemania. Inglaterra decidó granjearse el apoyo árabe
y logró que éstos se sublevaran contra Turquía. En
la
sublevación árabe que terminó con la entrada de
los beduinos en Damas, tuvo destacada participación, el
legendario agente británico Lawrence de Arabia.
En contrapartida, Inglaterra se comprometió ante los árabes
a avanzar en el proceso de autonomía e
independencia de los diversos pueblos de la región. Pero la
"pérfida Albión" hacía al mismo tiempo la misma promesa
a un prominente banquero israelita de Londres, lord Rothschild, mediante
la famosa Declaración Balfour (1917), en
la cual se especificaba que Gran Bretaña era favorable al establecimiento
de una patria para los israelitas, "siempre
que se respeten los derechos de las otras comunidades religiosas".
A fines del siglo XIX, Teodoro Herzl, nacido en Budapest, de lengua
alemana, agnóstico y autor de "El Estado
judío", había fundado el movimiento sionista, que proponía
la creación de un Estado que pudiera acoger a los
israelitas desparramados por el mundo. Herzl no estaba motivado por
razones religiosas y por ello pensaba que el
lugar de tal Estado, podía ser tanto Uganda como Mozambique,
el Congo o Argentina. Finalmente, influenciado por
sus amigos creyentes, escogerá Palestina. El deseo de fundar
un Estado nacional coincidía con el apogeo del
colonialismo europeo, particularmente inglés, que veía
con buenos ojos la instalación de colonos judíos
procedentes de Europa (oriental principalmente), como una manera de
asegurar un "bastión" en un punto
estratégico de la región, sobre todo después de
la apertura del Canal de Suez (1869), vía marítima indispensable
hacia el Golfo Pérsico.
Pero Palestina estaba lejos de ser un territorio despoblado y desértico
como ha querido mostrarlo la propaganda
sionista ("una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra"), la región
estaba poblada mayoritariamente desde hacía
casi 1500 años por diversos pueblos, principalmente de origen
árabe, en su mayoría musulmanes.
Mucho antes de la llegada masiva de colonos judíos, la tierra
trabajada por los árabes producía según el Informe
Peel (encargado británico de los asuntos coloniales) más
de treinta mil toneladas de trigo al año. En 1937, Peel
estimaba en un informe dirigido al Parlamento inglés, que durante
los diez años siguientes, la producción mundial
de naranjas sería de quince millones de cajas en Palestina;
siete millones en Estados Unidos; cinco millones en
España; y tres millones en otros países (Chipre, Egipto,
Argelia).
En 1880 había aproximadamente 25 mil israelitas en Palestina,
que contaba con una población de 500 mil personas.
Entre 1882 y 1917, el número de judíos aumentó
a 50 mil debido a la llegada de nuevos colonos desde Europa,
disponiendo del 2,5% de las tierras. En 1947, en la víspera
de la proclamación del Estado de Israel, había alrededor
de 600 mil judíos en Palestina con el 6,5% de las tierras, sobre
una población total de un millón 908 mil habitantes.
Ese mismo año, el plan de repartición del territorio palestino
aprobado por la ONU, entregaba a Israel un territorio
de 14.200 km2 y 905 mil habitantes, dentro de los cuales hay que contar
más de 300 mil árabes propietarios de
dos tercios de las tierras. El plan asignaba 12.000 km2 al futuro Estado
palestino, con 735 mil habitantes. Al mismo
tiempo Jerusalén, que contaba en la época con 205 mil
habitantes (de los cuales 100 mil eran israelitas), quedaba
bajo un estatuto internacional.
El plan atribuía al Estado judío el 54% de Palestina.
Los árabes rechazaron dicho plan y el retiro de las tropas
británicas desembocó en 1948 en la primera guerra árabe-israelí
tras la autoproclamación del Estado de Israel.
Gracias a esta guerra Israel se apoderó de territorios que no
figuraban en el plan de la ONU. En el norte, ocupó
Galilea y Nazaret; en el centro se apoderó de Jerusalén
Oeste, y en el sur de una franja del Sinaí en el desierto de
Neguev. En la última década del siglo XX, cuando en Oslo
(Noruega) comenzaron las conversaciones de paz entre
palestinos e israelíes, estos últimos tenían en
sus manos del 93% de las tierras de Palestina.
FALSA EPOPEYA ISRAELI
Los primeros "acuerdos" entre árabes e israelíes tuvieron
lugar inmediatamente después de la guerra de 1948-1949
antes mencionada. No se trató de tratados firmados en debida
forma, sino de una especie de tregua o armisticio
entre el autoproclamado Estado sionista y los países árabes
que habían tomado parte en el conflicto:
Transjordania, Siria, el Líbano, Iraq y Egipto. Son los llamados
"Acuerdos de Rhodes". Estos intervenían luego de
esta primera guerra, que una leyenda hábilmente explotada por
los servicios de propaganda sionistas, siempre ha
presentado como la epopeya de un pequeño ejército contra
el conjunto de los ejércitos de los países árabes.
En realidad las fuerzas estuvieron muy lejos de ser equiparables, puesto
que del lado palestino no se puede hablar
de fuerzas militares suficientemente organizadas.
La derrota árabe no se explica solamente por la desproporción
de fuerzas militares en presencia, sino que también
por las disputas existentes entre sus dirigentes que tuvieron consecuencias
en la conducción de la Legión Árabe.
Esta estaba bajo el mando del famoso Glubb Pachá (Sir John Bagot),
fiel ejecutante de la política inglesa en la
región. Por otro lado, el rey Abdalah de Jordania jugó
un papel más que ambiguo, manteniendo contactos secretos
con Israel, con vistas a una arreglo bilateral duradero. Ello le cortaría
la vida en 1951.
Esta primera guerra tuvo como resultado el establecimiento de una ocupación
de hecho y desde entonces Israel
ha rehusado toda negociación que lo obligue a renunciar a territorios
adquiridos por la fuerza.
Pero a esta violación del derecho internacional y de la propia
Carta de la ONU, se agrega un hecho aún más grave:
la expulsión de cerca de 800 mil palestinos de sus tierras,
es decir, una verdadera operación de "limpieza étnica"
que obligó a la ONU a la creación de la U.N.R.W.A. (Oficina
de Ayuda para Refugiados Palestinos del Cercano
Oriente).
El estado de guerra existente entre árabes e israelíes
se prolongó durante años. Entre 1948 y 1956, la ayuda
norteamericana aumentó de tal manera que representaba el 71%
de aquélla percibida durante el mismo período por
los países árabes.
Francia, gobernada en ese entonces por la socialdemocracia, prestó
una decisiva ayuda militar al Estado sionista,
yendo hasta colaborar en el campo del armamento atómico. De
vuelta al poder en 1958, el general De Gaulle
pondrá fin a tal colaboración.
CANAL DE SUEZ
Fue justamente en esos años (1956) cuando se emprendió
la aventura de Suez, luego que el líder nacionalista
egipcio Gamal Abdel Nasser anunciara su nacionalización. Londres,
París y Tel Aviv se concertaron entonces para
lo que creyeron sería una simple parada militar: Guy Mollet,
presidente socialista del gobierno francés, el ministro
de RR.EE. británico, Lord Selwyn Lloyd, y Simón Péres,
ministro de Defensa israelí, se reunieron secretamente para
esos efectos con Ben Gurión en París. La colaboración
francesa llegó hasta el préstamo de aviones sobre los
cuales se pintó la estrella de David. Pero la amenaza de intervención
soviética y el hecho que Estados Unidos
consideraron que las dos potencias coloniales decadentes -Francia e
Inglaterra- debían desde ahora cederle la
plaza en los asuntos internacionales, obligaron a estas dos junto a
las tropas sionistas, a una humillante retirada
de los territorios invadidos.
De esta manera quedaba establecido una especie de condominio mundial
entre la URSS y los EE.UU., que
confirmaba el papel creciente jugado por la primera. Su actuación
internacional sería considerada como un factor
positivo de equilibrio por muchos países árabes y del
Tercer Mundo, y el proceso de descolonización en curso
Africa y Asia la situará como un aliado frente al imperialismo
occidental.
Nasser se robustecía a su vez, puesto que el objetivo sionista
no se había alcanzado, esto es, la firma de un
tratado de paz que obligara a Egipto a reconocer las fronteras impuestas
por la fuerza en 1948.
En la década de los años 60 se desarrollaron las organizaciones
políticas palestinas. En 1951 Georges Habache -de
origen cristiano y declaradamente marxista- ya había creado
el Movimiento Nacionalista Árabe y al año siguiente
fue fundada la Asociación de Estudiantes Palestinos, que dará
a luz en 1959, el Al Fatha. Ese mismo año, la
Cumbre Árabe de Alejandría decide organizar al pueblo
palestino para permitirle jugar un papel en la liberación de
su país y poder decidir sobre su destino. Se adoptó una
Carta Nacional Palestina que rehusaba el plan de la ONU
de 1947 declarando que "la creación del Estado de Israel es
ilegal, artificial, sea cual sea el tiempo transcurrido".
En 1964 un congreso de diversas organizaciones palestinas proclamaba
el nacimiento de la OLP: "hoy, jueves 28
de mayo de 1964 a las 15 horas 40, hora de Al Quods" (Jerusalén).
Ese mismo año, Al Fatah (principal componente de la OLP, organización
de la cual es miembro Yasser Arafat) y su
rama militar proclamaban "en nombre de Dios misericordioso, confiados
en el derecho que tiene nuestro pueblo
para luchar por reconquistar su patria usurpada", el inicio de la lucha
armada contra el invasor sionista.
Al Fatah -principal organización palestina, a la cual pertenece
Yasser Arafat- mantendrá cierta ambigüedad
ideológica, considerando que era en esos años prematuro
discutir sobre la forma que tendría el futuro Estado. Esta
ambigüedad subsiste hasta hoy y ha sido la causa de rupturas,
defecciones e incomprensiones entre los diversos
partidos y movimientos palestinos.
Durante los años 60 continuos choques se produjeron entre fedayines
y las tropas sionistas en las fronteras
jordana, siria y egipcia, obligando a Israel a vivir en ascuas.
La "Guerra de los Seis Días" estalló el 5 de junio de
1966, cuando sin declaración previa, Israel desató una guerra
preventiva, atacando a Egipto y ocupando Gaza, Jerusalén Este,
Cisjordania, el Sinaí y el Golán sirio.
Pero el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó por unanimidad
la resolución 242 donde declaraba la
"inadmisibilidad de la adquisición de territorios mediante la
guerra", exhortando a Israel a restituirlos. Aun cuando
este documento fue considerado por las grandes potencias, comprendida
la URSS, como base de un acuerdo
pacífico, los palestinos no lo aceptaron, puesto que reducía
el problema del Cercano Oriente a un simple asunto de
refugiados. Su artículo 1b, afirmaba que todos los Estados de
la región tenían el derecho a "vivir en paz al interior
de fronteras seguras y reconocidas", lo que legitimaba el statu quo
obtenido por la fuerza en 1948.
IRRUMPEN LOS FEDAYINES
La derrota de 1967 tuvo una gran resonancia en el mundo árabe,
provocando amargura y frustración. En el seno
de la OLP -el parlamento palestino- se abrió una crisis de proporciones
y sectores de ésta se lanzaron a la lucha
armada. Fue la época dorada de los fedayines de Al Fatah y de
otros movimientos. La batalla de Karameh en la
frontera jordana frente a los blindados israelíes (marzo de
1968), así como otros hechos de armas, les habían dado
un indiscutible prestigio y popularidad.
Comienza entonces un intenso período de actividad guerrillera,
golpeando objetivos situados fuera de Israel. El
Líbano y Jordania se encuentran en primera línea, ya
que albergaban bases de fedayines. En diciembre de 1968, la
aviación israelí destruye en tierra a los aviones comerciales
de la compañía aérea de El Líbano. El Consejo
de
Seguridad condena por unanimidad este acto del Estado sionista y el
general De Gaulle decreta el embargo sobre
las ventas de armas con destino a Israel.
Estados Unidos sabe por su parte, que Jordania es el eslabón
más débil de los países árabes. Hussein de
Jordania,
nieto de Abdallah ajusticiado en 1951, es también sensible a
las presiones norteamericanas. Bajo su instigación se
propuso entonces un "plan de paz" que fue rechazado por la OLP, lo
que contribuyó a envenenar aún más las
relaciones entre ésta y el soberano hachemita, en cuyo territorio
estaba situado su cuartel general. Esta situación
hará crisis en 1970, cuando estallan los enfrentamientos entre
las tropas de Hussein y los fedayines.
Es también la época de los "planes de paz". Todos tienen
un denominador común: basados en la resolución 242, no
concitan el entusiasmo de palestinos ni de israelíes.
La URSS propone un plan que busca la aplicación progresiva de
la resolución 242. El Kremlin apoya a la OLP, pero
no deja de recordarle que votó por el plan de repartición
de 1947 y que ha sido uno de los primeros países en
reconocer al Estado sionista.
Otra polémica tenía lugar en el seno de la OLP. Dos de
sus principales componentes, el FPLP de Georges Habache
y el FDLP de Nayeb Hawatmeh se dedicaban a atacar intereses israelíes
en Europa. Adoptando una postura
resueltamente antiimperialista, acusaban a Estados Unidos de apoyar
incondicionalmente a su bastión sionista en
el Cercano Oriente. Preconizando el marxismo-leninismo, Habache proclamaba:
"No puede haber revolución sin
doctrina... Nuestros comandos deben tener una doctrina". Arafat respondía
que "La fuerza de Al Fatah viene de su
rechazo a ser clasificado de izquierda o de derecha".
Al "plan Rogers", propuesto por Nixon en 1970 y condenado mayoritariamente
por la OLP le sucederá el "plan Allon"
(ministro israelí), es decir la política favorita aplicada
por Israel: la de hechos consumados.
El gobierno israelí trató de atraer a algunos notables
árabes de los territorios ocupados, organizando elecciones
municipales las que finalmente fueron un fracaso. El FPLP había
advertido: "La suerte reservada a los posibles
candidatos que se presenten a esta impostura, será aquella que
se reserva a los colaboradores".
Hussein de Jordania intentó nuevamente hacer aceptar otro plan,
siendo una vez más rechazado por la OLP, que
decidió en 1973, la creación de un Frente Nacional Palestino
en los territorios ocupados.
En octubre de ese año estalló la guerra. Siria y Egipto
atacaron simultáneamente a Israel, pero las dos
superpotencias impusieron el alto al fuego el 22 de octubre y el Consejo
de Seguridad adoptó la resolución 338
que instaba a la apertura de negociaciones. Sadat, el presidente egipcio
que había desencadenado la guerra
rompiendo el mito de la supuesta invencibilidad israelí, buscó
entonces una salida, puesto que estimaba que su
país había pagado con creces por la causa árabe.
Comenzó el proceso que terminará en los acuerdos de Camp
David, bajo la égida de Estados Unidos, estableciendo una paz
separada entre Egipto e Israel, que provocó la
expulsión de Egipto del seno del mundo árabe y el ajusticiamento
de Sadat en 1981.
FRACASAN LOS PLANES DE PAZ
Desde entonces sucesivos planes han visto la luz: el "Plan Fahd", el
"Plan Reagan", que fue presentado en 1982,
luego de la invasión del Líbano por Israel y las masacres
de Sabra y Chatila, cubiertas por el ministro Sharon, y
luego de la partida de los restos de fedayines de sus bases en Beirut;
y finalmente el "Plan de Fez".
Ninguno prosperó y la Intifada desencadenada en 1987, mostró
a los ojos del mundo que el problema palestino
estaba siempre presente. Pero este alzamiento que hostilizaba de manera
permanente al ocupante, interpelaba
también a los sectores más vacilantes de la OLP. La Intifada
fue una forma de resistencia de masas, motor de una
nueva dinámica de lucha que se generalizó en Cisjordania
y Gaza. No se trataba sólo de una sublevación contra el
ocupante, sino que los jóvenes que se enfrentaban al ejército
israelí, ponían en tela de juicio el orden social
existente. Los miles de muchachos provenientes de los campos de refugiados,
interpelaban a sus mayores, a los
dirigentes históricos ligados a Al Fatha y en menor medida al
FDLP y FPLP.
Es indiscutible que la Intifada fue la ocasión para muchos jóvenes
de constatar que la lucha contra el ocupante
sionista estaba también ligada al combate por la emancipación
social. La Intifada marcó el inicio de la entrada en
primera línea del movimiento islamista Hamas (acrónimo
de Harat El Mukawama El Muslima, Movimiento de la
Resistencia Islámica), que encuentra en estos momentos un gran
ascendiente entre los jóvenes palestinos.
El Hamas ha desplazado en los territorios ocupados a la OLP como fuerza
de resistencia, y ésta trata de recuperar
en la actualidad el terreno perdido.
Una vez que la Guerra del Golfo terminó -en la cual la inmensa
mayoría de los palestinos hizo causa común con
Iraq-, EE.UU. y la URSS patrocinaron en Madrid una nueva conferencia
por la paz, a la que los palestinos no fueron
invitados oficialmente, participando en la delegación jordana.
Pero ya en enero de 1992, en Moscú, Siria y El
Líbano decidieron boicotear dicha conferencia, que murió
de muerte natural.
Ese mismo año, fue elegido primer ministro Isaac Rabin quien
dijo aceptar poner atajo a las implantaciones de
colonos israelíes en los territorios palestinos, pidiendo en
contrapartida, el término del boicot económico árabe.
En
1993, en Washington firmaría con Yasser Arafat un acuerdo en
que se daba el vamos a negociaciones entre ambas
partes, luego de una serie de encuentros secretos en Oslo. (Rabin será
asesinado en 1995, como resultado de un
oscuro complot aún no dilucidado, en el que aparecen implicados
miembros de sus propios servicios secretos).
Oslo I (13 de septiembre de 1993), estipula en su preámbulo "que
Israel y la OLP se reconocen derechos legítimos
y políticos mutuos... y buscan instaurar una paz duradera y
global así como su reconciliación histórica".
De esta manera quedaban plasmadas todas las esperanzas, pero también
las ambigüedades. Por derechos los
israelíes entienden legitimidad, legitimidad de vivir en un
territorio que consideran como propio. Para los palestinos
en cambio, los derechos son en primer lugar derechos políticos
(retiro israelí, independencia, soberanía). Para unos
paz es sinónimo de "paz global", para los otros, "paz justa".
Detrás de cada palabra estampada en los acuerdos de
Oslo, hay para cada parte un contenido diferente, aun si las partes
están de acuerdo en que la filosofía de las
negociaciones reposa sobre la idea de "la tierra a cambio de la paz".
Se pretendía avanzar en la búsqueda de la paz, evitando
afrontar los problemas más difíciles estableciendo un
"clima de confianza" y un "período transitorio" que no debía
exceder los cinco años y que terminaría en un acuerdo
final.
Pero el elemento clave de esta negociación, el asunto de los
plazos, no fue respetado por la parte israelí. La
retirada del ejército israelí de Gaza y Jericó
sobrepasó en cinco meses la fecha prevista.
Los israelíes arguyen para justificar este retraso, que las autoridades
palestinas no les daban suficientes garantías
del punto de vista de la seguridad.
Se trata evidentemente de una táctica para ceder lo menos posible,
esperando, dilatando, obstruyendo,
tergiversando, antes de abordar los "problemas más peliagudos"
entre ambas partes, Jerusalén y el asunto del
retorno de los refugiados. Y al mismo tiempo, se rodea de colonias
israelíes los pocos territorios en manos de los
palestinos.
Cinco acuerdos han sido firmados desde Oslo I. El de El Cairo (mayo
de 1994); Oslo 2 (septiembre de 1995);
Hebrón (enero de 1997); Wye River (octubre de 1998); Charm el
Cheik (septiembre de 1999). Pero al término de
estos siete años los dirigentes palestinos controlan sólo
el 70% de Gaza (360 km2) y el 13% de Cisjordania (5.673
km2) y ni un metro cuadrado de Jerusalén Este. Es decir, el
20% de los territorios ocupados por Israel en 1967 y
que constituyen sólo el 22% de Palestina bajo mandato inglés.
Por otra parte, Cisjordania está dividida en una infinidad de
"papel picado" y sometida a tres estatutos diferentes.
La zona A, bajo control palestino; la zona B, cuya seguridad está
asegurada por los israelíes; y la zona C,
completamente bajo control israelí.
Ahora bien, el acuerdo de Charm (septiembre de 1999, que no ha sido
aplicado) prevé que la zona A representará
el 17,2% del futuro territorio, la zona B el 23,8% y la zona C, el
59%.
TRAMPAS DE ISRAEL
La mala fe israelí se constata en el proceso de instalación
de colonos en los territorios, que han proseguido
alegremente los gobiernos del laborista Rabin, del derechista Netanyahu,
o del socialdemócrata Barak. 75 mil
colonos han sido instalados después de Oslo y las autoridades
israelíes han construido 11.190 habitaciones. Las
colonias han pasado de 122 en 1993, a 141 en el presente año.
Mientras tanto en Jerusalén Este, 895 casas
palestinas han sido arrasadas y desde 1988, 13 mil palestinos se encuentran
sin techo en virtud de la llamada
"demolición administrativa", eufemismo mediante el cual Israel
despoja "legalmente" a los palestinos de sus
habitaciones. De esta manera, más de 35 mil hectáreas
han sido confiscadas por el Estado judío.
Durante este "proceso de paz", el ejército israelí ha
cerrado las zonas bajo control palestino, durante un total de
331 días, que tienen una gran repercusión en la cesantía
endémica que padece una parte importante de la
población. En siete años de "paz", el ejército
israelí ha dado muerte a 385 civiles y a 23 policías palestinos.
Hoy en día, tanto Barak como Yasser Arafat se encuentran debilitados.
El primero busca una salida aliándose con
la extrema derecha (Sharon, responsable del Ministerio de Defensa durante
las masacres de Sabra y Chatila, y
contra el cual ningún demócrata o socialdemócrata
ha pedido tribunal internacional), luego de la renuncia de seis
de sus ministros.
Yasser Arafat y la OLP por su parte, se encuentran sobrepasados por
los sectores más radicales,
fundamentalmente aquellos ligados al Hamas. Y después de la
fracasada reunión de Camp David donde los
norteamericanos creían poder sacarle un acuerdo, con la represión
actual desatada por el ejército israelí, Arafat
sabe que no puede ceder más a pesar de la presión combinada
israelí-estadounidense. Estos últimos han jugado el
papel de siempre: incondicionales de Israel.
La ONU ha condenado a Israel por el uso de la fuerza contra civiles
y Estados Unidos sólo pudo encontrar cuatro
islitas perdidas del Pacífico que votaron contra la decisión
casi unánime de -esta vez sí se puede llamar así-
la
comunidad internacional. El gobierno chileno, que podría haber
pasado esta vez como un gobierno independiente,
se ha inclinado ante las presiones y se ha abstenido, poniendo así
en evidencia que el lobby pro sionista tiene gran
influencia en esferas gubernamentales de Santiago.
La masacre sistemática que se comete todos los días contra
los jóvenes palestinos ha provocado indignación
mundial. La mayoría de los franceses, según encuestas
de opinión, acusan a Israel por el desencadenamiento de la
violencia. Los incendios de sinagogas y mezquitas que han ocurrido
en estos días en París, son el resultado de la
exasperación a que conduce la represión israelí
en el Cercano Oriente. En las barriadas populares que rodean la
capital gala, los muchachos de la "segunda generación" (hijos
de trabajadores árabes establecidos en Francia y
que constituyen una parte considerable de la fuerza de trabajo en el
país) impotentes ante tamaña iniquidad,
atacan lo que se les representa como símbolos exteriores del
Estado de Israel.
Tanto las autoridades religiosas judías, como católicas
y musulmanas, han condenado los atentados y formulado
llamados a la calma. Pero es innegable que la tensión en determinados
barrios está a flor de piel.
Un grupo de intelectuales franceses de diversos horizontes, ha publicado
una declaración en "Le Monde", que le ha
valido amenazas de muerte y denuestos. Bajo el título "Como
judíos...", explican que como ciudadanos franceses
no tienen la costumbre de expresarse en tanto judíos, pero "el
Estado de Israel, al pretender hablar en nombre de
todos los judíos del mundo, apropiándose de la memoria
comunitaria, se arroga el derecho de hablar a nuestro
pesar, en nuestro nombre". Admiten más adelante que en un conflicto
puede haber actos odiosos por lado y lado,
"pero las responsabilidades políticas no son las mismas. Israel
dispone de un territorio, de un ejército, del arma
atómica... mientras los palestinos viven en campos de refugiados,
bajo el tutelaje israelí, con una economía
mutilada, una sociedad lacerada, un territorio en pedazos... Si la
provocación calculada de Sharon -con la
complicidad de Barak- ha podido derivar en lo que conocemos, es a causa
de las maniobras dilatorias en la
aplicación de los acuerdos de Oslo, de la prosecusión
de la colonización israelí, de la negativa a aceptar un Estado
palestino cuya proclamación ha sido postergada ya muchas veces.
Por ello no es sorprendente que a raíz de todas
estas humillaciones el pueblo palestino se subleve... Partidarios de
la fraternidad judeo-árabe, pedimos retomar el
proceso de paz, que pasa necesariamente por la aplicación de
las resoluciones de la ONU, por el reconocimiento
de un Estado palestino soberano y por el derecho al retorno de los
palestinos expulsados de sus tierras".
Israel que debe combatir en su territorio a árabes israelíes
(descendientes o sobrevivientes de los que se quedaron
o no fueron expulsados en 1948), ha abierto un peligroso frente interno
en el momento en que pocas veces el
aislamiento internacional del Estado sionista había sido tan
grande. Una nueva situación se ha creado, en la cual el
pequeño David palestino, armado con su honda, puede obligar
a ceder al Goliat israelí. Una victoria militar es
imposible para este último, aunque la lógica que parece
imperar en los círculos gubernamentales por el momento
sea la opción militar. Israel se encuentra en la paradójica
situación de aquel gigante armado hasta los dientes, que
no puede utilizar su fuerza para lograr sus objetivos. Por el momento,
los pequeños, valientes y entusiastas
honderos palestinos le están infligiendo una derrota de proporciones.
Paco Peña
.
13 de noviembre del 2000, http://www.rebelion.org
-ÍNDEX.
-ALTRES TEXTOS. |